Entrevistando a Bárbara McClintock tras un largo viaje en el tiempo

Hoy hemos hecho un pequeño viaje en el tiempo para conocer a una de las científicas más importantes de la historia. Bárbara McClintock, una genetista de origen estadounidense que, con esfuerzo, dedicación y dejando los estereotipos a parte, cosiguió el Premio Nobel en Medicina y Fisiología. Nació el 16 de septiembre de 1902 siendo así la tercera hija del médico Thomas Henry y Sara Handy McClintock. Su familia pasaba momentos económicos difíciles por lo que Bárbara fue enviada a vivir a Nueva York con sus tíos. En Brooklyn, reecibió su educación básica que terminó en el Erasmus Hall High School.

+Buenas tardes y gracias por recibirnos con tanta amabilidad. Sé que no es muy normal recibir a gente que acaba de salir de una máquina del tiempo.

-Jajaja. Tiene usted razón no es muy normal pero nunca rechazaría una entrevista.

+Estupendo. En ese caso comencemos.

-Cuando quiera.

+¿Cómo supiste que querías dedicarte al mundo de la ciencia?

-Desde que era pequeña siempre lo he tenido muy claro, siempre he sabido que ese iba a ser mi ámbito de estudio.

 -Pero teniendo en cuenta los tiempos en los que vives debe de haber sido complicado llegar hasta donde estás.

-Sí, la verdad es que no ha sido fácil que me tomasen enserio. Una mujer estudiando en una universidad no es ni común ni está bien visto. Era un sueño para mí pero fue bastante duro porque muchas personas se oponían como mi madre. Ella pensaba que al dedicarme a la ciencia me iba a ser difícil encontrar marido y así fue, pero no me arrepiento.

+Y no debe arrepentirse, sus decubrimientos y su esfuerzo han acabado siendo recompensados como se mercía desde un principio. En 1919 usted ingresó en una Escuela de Agricultura Cornel y empezó a sumergirse en el campo de la citogénetica. ¿Podría contarnos un poco sobre sus investigaciones?

En efecto. Mi campo de estudio era la citogenética, más concretamente, la citogenética del maíz. Mis resultados llegaron de la mano de una planta muy utilizada en investigación y en nuestra alimentación diaria: el maíz. Estudiando su genoma, es decir, observando las miles de “letras” que componen su ADN, vi por primera vez que existían una serie de secuencias genéticas que podían, de alguna extraña manera, cambiar su posición.

+ Pero usted tenía unas teorías demasiado novedosas para su tiempo. ¿Cómo afectó eso a su estudio?

-En eso tiene razón, mis teorías eran bastante innovadoras, tanto que no las aceptaron ni mis compañero. Debido a eso mi trabajo fue ignorado durante décadas. Tuvieron que pasar años y descubrimientos de otros científios para que se le diera reconocimiento a mi trabajo. Pero tuvo un final feliz puesto que gracias a ese trabajo recibí el Premio Nobel de Medicina en 1983.

+ Cierto, usted recibió varios galardones como la Medalla Nacional de la ciencia, el Premio Albert Lasker y, como usted acaba de nombrar, el Premio Nobel de Medicina.

-Sí estoy muy orgullosa. Es muy importante para mí haber recibido estos premios.

+ En 1944 ingresó en la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos y un año después se convirtió en presidenta de la Sociedad Genética de América, ¿no es así?

-Sí, de hecho fui la primera mujer en presidir la Sociedad Genética de América.

+ Pero en 1967 se retiró oficialmente del estudio científico. ¿Ha seguido ivestigando aunque fuese al margen de su vida laboral?

-Por supuesto. Continué inestigando como científica emérita en el Laboratorio Cold Spring Harbor además de dar conferencias sobre la genética.

+Bien, pues con esto termina la entrevista. Muchas gracias por habernos concedido estos minutos.

-Gracias a ustedes por interesarse por mi trabajo.

El ejemplo de Barbara McClintock nos ayuda a ver cómo a veces debemos remar “a contracorriente” y esperar al momento perfecto para lograr que lo que deseamos se cumpla. Bárbara McClintock se “coló” en una de las universidades más prestigiosas y se convirtió, a fuerza de horas y horas de estudio y esfuerzo, en una de las mujeres científicas más respetadas. Desgraciadamente esta gran mujer falleció en 1992 con 90 años en Huntington, Nueva York.

Bibliografía:

Irene Garciablanco García

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One comment

  1. agutierrezquintana · diciembre 4

    ¡¡Me encanta la entrevista, Irene!!

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