La situación de la mujer en la ciencia

Desde la antigüedad y a lo largo de todo el devenir histórico, las mujeres han realizado aportes importantes al desarrollo científico-tecnológico de la humanidad, lo que sucede es que por la cultura androcéntrica que ha prevalecido se les ha invisibilizado por considerársele que son inferiores al hombre desde el punto de vista intelectual; se les ubica en sus roles tradicionales del mundo privado y subordinadas a ellos, cultura que permanece en la conciencia individual y social de muchas hasta nuestros días. Existiendo por tanto un sesgo sexista y androcéntrico en este sentido.

Desde el patriarcado se le ha asignado a las mujeres todo lo referente a la reproducción, la maternidad, la ternura, la delicadeza y lo que esté limitado al ámbito doméstico, porque realmente es en “esa esfera donde ella ha desarrollado las habilidades para desempeñarse”, siendo incapaces según determinadas concepciones, de poder realizar aportes en el campo de las ciencias.

Hasta la primera mitad del Siglo XVII, se “les autoriza” a las mujeres poder acceder a  aprender a leer y a escribir, sin embargo, hasta ese momento se ponía en duda, si era correcto o no aceptar la posibilidad de que ellas pudieran acceder a los estudios de la época y por otra su capacidad “biológica” para poder entender las ciencias, es decir, que se ve en este caso a la mujer como un ser inferior incapaz de poder razonar y pensar con juicios propios.

De 1960 hasta hoy en día, comienzan a darse en EEUU movimientos de carácter civil que son contestaciones al sistema, y entre ellos se destacan los movimientos de defensa hacia la mujer; los movimientos feministas, en los estudios de ciencia tecnología y sociedad.

Vivimos en un mundo masculinizado, donde la ciencia está bajo patrones masculinos, debido a lo que social e históricamente se ha construido por la sociedad; donde se le ha atribuido a los varones aquellas características relacionadas con la virilidad, racionalidad, dominación, inteligencia, frialdad y objetividad, incluso llegándose a considerar que tienen más habilidades para las ciencias duras, mientras que a las mujeres se les considera como irracionales, pasivas, dependientes, tiernas, con emotividad y subjetividad, con más habilidades para las ciencias blandas. Estas características se les denominan “femeninas”, opuestas a las “masculinas”, un obstáculo para poder llevar a cabo y desarrollar una carrera científica, debido a que las cualidades necesarias para hacer ciencia son propiamente las “masculinas”, mientras que a las mujeres se les ha vedado poder acceder al conocimiento científico.

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Noticia realizada por: Noelia Sánchez